Somnolencia, ensueño, duende, dentadura y equino
Sin querer hacer una referencia directa al popular tema de Alejandro Sanz, No es lo mismo un “I have a dream” de Abba, que un “I have a Dream (Yo tengo un sueño)” de Martin Luther King, que un “Yo tengo un sueño ..” expresado por mí.
Si bien inicialmente pueden parecer la misma frase, cada uno de ellas hace referencia a temas totalmente distintos ...
Dicho por mí “Yo tengo un sueño”, en cualquier contexto, no entraña nada profundo y significa ni más ni menos que me ando durmiendo por los rincones.
Si bien no enuncia nada profundo, lo irónico del caso es que mi sueño es siempre muy profundo (supongo que me salteo etapas y me quedo en las fases 3 y 4 con las ondas delta).
Sin lugar a dudas el dormir es tema en el que soy experimentado como pocos, y sobre el dormir opino lo mismo que sobre el sexo, cuanto más mejor .....
Sobre esto, humildemente, sustento algún que otro récord (para que no piensen que soy un fanfarrón aclaro que lo del récord es sobre el dormir y no sobre el sexo).
Como para muestra hace falta solo un botón, les cuento que me dormí en un ómnibus de Copsa, parado agarrado del pasamanos, viajando hacia Atlántida (no dormité, si no que me dormí parado y casi todo el recorrido).
También les cuento, por si no fuera suficiente solo con el ejemplo anterior, que también me he dormido en un avión antes de que el mismo llegue a despegar (ya knock-out estando apenas en la cabecera de la pista)
Si me invitaran al programa de Susana, con seguridad me podría llegar a dormir antes de que me presentaran a Tony Kamo.
Ahora interrumpo la escritura y me tomo unos minutos para echarme una siestita ....
zzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzz
Ya repuesto y más lúcido luego de un reparador descanso, paso a continuar con mi ensayo. Como me desperté de buen humor, antes de seguir aprovecho para contarles un chiste:
Un hombre se muda solo, luego de muchos años de vivir en la casa de su madre.
En la primera noche en su nueva casa se despierta de una pesadilla dándose cuenta que se había orinado en la cama.
Esta situación se repite durante 3 noches seguidas y decide ir a ver a un médico.
El médico como no le encuentra problemas fisiológicos, lo deriva con un psicólogo.
El psicólogo le pide que le cuente la pesadilla que lo lleva a despertarse orinado.
El hombre comienza su relato:
- Voy caminando tranquilo por un sendero. Poco a poco la vegetación se hace más espesa. De atrás de un arbusto aparece un duende y me pregunta: - Hiciste pichi?
Allí asustado me despierto y me doy cuenta que me oriné en la cama
El psicólogo le explica que se debe a las emociones de su reciente emancipación, y que es suficiente con que se mentalice antes de dormir que eso no le volverá a suceder.
Al día siguiente el psicólogo recibe nuevamente al paciente porque todo volvió a ocurrir ..
El hombre le cuenta que por más que lo intentó todo sucedió de forma idéntica ....
Esta vez el psicólogo le aclara que es probable que estos sueños se deban al stress por su cambio de vida, más a alguna situación no resuelta que lo está perturbando.
Le recomienda además de todo lo anterior, concentrarse en que él podrá controlar el desarrollo del sueño. Le dice que si sueña con que camina por el sendero, podrá decidir dar la vuelta y dirigirse por el sendero hacia un área poblada eludiendo así al duende.
Otra vez el psicólogo recibe al paciente al día siguiente y éste le cuenta:
- Cuando me dormí y comencé a caminar por el sendero ... con firme decisión giré 180 grados, y cambié la dirección de mis pasos. Pero en ambas direcciones la vegetación se hizo más espesa. De atrás de un arbusto apareció el duende y me preguntó: - Hiciste pichi?
Al ver al hombre derrotado el psicólogo lo reprende diciéndole que él es un adulto, que debe tomar las riendas de su destino y enfrentar valientemente todas las situaciones.
Le sugiere que junte coraje, y que si vuelve a soñar lo mismo que directamente lo enfrente al duende, que no le quepa duda que él es mucho más hombre que ese duende del bosque.
Un poco más animado y juntando coraje, el paciente se va de la clínica.
Vuelve al día siguiente, más deprimido que en las consultas anteriores y cuenta:
- Pasé el resto del día juntando coraje. Incluso fui al gimnasio y estuve más de una hora en los aparatos ejercitando mis músculos. Al acostarme estaba mentalizado. Era una fiera ..
Me dormí y comencé a caminar por el sendero y la vegetación se hizo más espesa.
En vez de tratar de huir, iba buscándolo al duende detrás de cada arbusto.
Apareció casi al final del sendero, como siempre saltando desde atrás de un arbusto... y me miró y me preguntó: - Hiciste pichi?
Yo saqué pecho, lo miré directo a los ojos y le dije fuerte, con firmeza: - Sí
Él solo respondió: - Y caca?
Dejando los chistes sobre sueños de lado, es de conocimiento general que los científicos en los últimos años han debatido sobre si los animales sueñan o no.
Incluso en el Instituto Tecnológico de Massachussets han experimentado monitoreando la actividad cerebral de ratas durante su descanso para determinar si tienen sueños.
Si me hubieran consultado a mí se habrían ahorrado millones porque les habría confirmado que al menos los primates sí sueñan ...y qué disparates que sueñan!.
Creo que mis sueños dejarían desnorteados a Freud, Jung, e incluso al mismísimo José (personaje bíblico que fue capaz de interpretar los sueños del Faraón).
No les recomiendo el tratar de interpretar los sueños del primate, simplemente léanlos ...
Antes de pasar a desnudar mi alma y de dejar por escrito la irrefutable prueba de mi desequilibrio mental, solicito a modo de “última voluntad” que si luego de la lectura los especialistas consideran necesaria la aplicación de un chaleco de fuerza para con mi persona, que sea utilizada a dichos fines mi chaqueta de taekwondo (usada al revés).
Entenderán que la situación económica no está como para entrar en nuevos gastos, y hay que aprovechar lo que ya se tiene (les aseguro que no soy ningún Houdini y no podría zafar de tan simple atadura). Además de todo considero que nunca fui un loco peligroso ...
Creo que todos hemos tenido en alguna etapa de nuestra vida sueños recurrentes.
Esos sueños que no solo recordamos vívidamente al despertarnos, si no que los volvemos a soñar al poco tiempo y aun los recordamos claramente mucho años después.
Es el caso de estos 2 sueños que tuve durante mi infancia, y que al día de hoy aún recuerdo perfectamente;
Relato onírico número 1
Se desarrolla en un lugar: no reconocible y bastante oscuro (lo de la oscuridad no me molesta en lo absoluto en dicho sueño)
Me veo (en tercera persona) columpiándome placenteramente en una hamaca.
De pronto veo a 2 personas a cierta distancia. No se les ve el rostro y están vestidas con trincheras (onda Inspector Clouseau).
Se ponen en cuclillas y giran una canilla o llave de paso que está muy cerca del césped. Dicha acción provoca que la hamaca comience a columpiarse cada vez más rápido, con más fuerza y velocidad (esto ya lo veo en primera persona, a través de mis ojos).
Siento miedo y me despierto (resultó cobarde el primate)
Relato onírico número 2
Inicia en lo alto de un edificio (aunque que no veo detalladamente el lugar sé que es un edificio), y enseguida comienzo a caer del lugar (sin motivo aparente).
Durante los interminables segundos que dura mi caída pienso que me voy a reventar ...
Finalmente caigo de pie. Me asombro porque sobreviví a la caída.
El impacto contra el suelo solo tuvo como consecuencias un fuerte dolor en mis pies, dolor que sube por las piernas hasta llegar a mis rodillas.
Me despierto inmediatamente con fuerte dolor en las piernas ....
De las elaboraciones oníricas de la infancia pasaré directamente a los disparates oníricos actuales, salteándome la etapa de sueños húmedos de la adolescencia presuponiendo que a nadie le interesará leer sobre los mismos.
Muchos y variados son los disparates que he soñado en mi vida adulta (los que recuerdo), pero en esta oportunidad y para vuestro regocijo solo voy a relatar uno.
Se trata de un sueño que tuvo cierta influencia real externa.
Un sueño de esos en el cual uno toma conciencia de que esta soñando, se despierta recordando todo e incluso tratando de interpretarlo.
Este sueño sucedió en verano, época en la que mantenemos las puertas/ventanas de nuestro dormitorio hacia el patio abiertas y solo quedan bajas las cortinas enrollables.
También como dato adicional, aclaro que el dormitorio se encuentra hacia “el fondo” del apartamento, y no tiene ninguna proximidad con la calle.
Relato onírico número 3
No sé como se inicio el sueño, pero desde el momento en que yo recuerdo, me estaba mirando en un espejo y veía que en mi boca no tenia dientes ...
Con asombro me veía abriendo ampliamente la boca para comprobar que no tenía ningún diente. La situación me causaba cierta desazón y empecé a tomar conciencia o despertarme.
En ese mismo momento escuché claramente los cascos de un caballo contra el suelo, como si el mismo estuviera casi al trote en el patio de mi apartamento (del dormitorio hay una salida a dicho patio a través de 2 amplias puertas ventanas).
El repicar de los cascos se prolongó por unos cuantos segundos ...
Yo apenas pude abrir los ojos como para ver que la luz se filtraba a través de las rendijas de las cortinas enrollables.
Nuevamente con los ojos cerrados rememorando el sueño pensé: dientes, dientes, dientes ...
y sintiendo los cascos alejarse pensé: caballo, caballo, caballo ...
- ¿Qué quiere decir todo esto? me pregunté en un estado de semi-conciencia (no sé si estaba más dormido que despierto, pero igual trataba de interpretar mi reciente sueño)
- Ya sé!! (sentí en mi cerebro de primate): - A caballo regalado no se le miran los dientes!!
Segundos después de tan inspirada conclusión ya estaba durmiendo nuevamente ....
Cuando me despertó Claudia para ir a trabajar, le comenté sobre mi sueño y sobre el ruido de cascos que estaba convencido de haber escuchado, ruido que parecía provenir del patio.
Con era lógico esperar, estalló en carcajadas.
Lo disparatado de mi razonamiento/interpretación del sueño lo ameritaba, y a eso se sumaba lo porfiado que yo estaba sobre el ruido del caballo.
Pensándolo con frialdad, a menos que el caballo fuera Pegaso, el mismo no tenía chance alguna de trotar en nuestro patio.
Los ruidos de cascos no podían venir desde las ventanas que dan a la calle de nuestro apartamento, ya que de ellas nos separa el living-comedor y luego un largo pasillo de unos 6 metros, además entre uno y otro hay una puerta que permanece cerrada durante la noche y que sirve como aislamiento acústico.
Conclusión final: el primate estaba loco porque no había ruido posible de cascos de caballo.
Aceptando con naturalidad mi locura emprendí el día laboral como lo hago habitualmente.
A la madrugada siguiente semi-despierto o semi-dormido (aún no lo sé), escuché repicar una vez más los cascos de caballo. La luz se filtraba a través de las cortinas enrollables.
Eran aproximadamente las 6 de la mañana, y sin dudarlo sacudí a Claudia despertándola de su sueño: - ¿Los escuchás? Son los cascos del caballo!!! Y el ruido viene del patio ...
Casi me mata por despertarla!, pero al menos recuperé un gramo de cordura ...
Increíblemente los cascos eran de un caballo, que probablemente tirando de algún carro pasaba por la calle perpendicular a la nuestra ...
Nuestro patio esta separado de esa otra calle por otro patio adyacente al nuestro, y por todo el edificio al que pertenece dicho patio. Sin embargo el ruido del caballo se oía claramente.
Eppur si muove
Walter Vitureira
Primate durmiente
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sábado, 16 de mayo de 2009
lunes, 13 de abril de 2009
Susto en Paysandú - Semana de la Cerveza ...
----- Original Message -----
From: Walter y Claudia
To: Walter y Claudia
Sent: Monday, April 13, 2009 12:46 PM
Subject: Susto en Semana de la Cerveza - Paysandú
SUSTO EN SEMANA DE LA CERVEZA - PAYSANDÚ
Semana Santa 1992 – Ninguno de los 4 había ido antes en “Semana Santa” a Paysandú, ciudad en la que se celebraba la tradicional “Semana de la Cerveza”.
Mi único recuerdo de Paysandú era una fotografía en la que a mis 5 años me tomaron con toda la cara manchada por devorarme a “mano limpia” un postre Chajá.
Y siendo más exacto, creo que ninguno de mis amigos; Gustavo, Alvaro o Fernando jamás había ido a Paysandú.
Salimos de mañana muy temprano en mi Ford Corcel, con destino a la capital Sanducera.
Como nuestra única referencia en ruta era un descolorido mapa de nuestro país, recortado de la base de una caja de Serranitos de la Confitería Irisarri, nuestro arribo a Paysandú fue a media tarde (dentro de todo nuestro sentido de la orientación no anduvo tan mal).
Para hacer honor a la celebrada semana, durante todo el trayecto en auto fuimos tomando ... mate.
Mate amargo con bizcochos, y además siempre respetando los límites de velocidad y normas de tránsito (esta explicación la agrego solo por si mi relato cae en manos de algún funcionario de Policía Caminera).
Para hacer más ameno el viaje charlábamos, cantábamos desafinadamente y contábamos chistes. El chiste premiado con más carcajadas fue el siguiente:
“En un zoológico en el mayor momento de afluencia de visitantes un empleado descubre que la jaula del león estaba mal cerrada y que el mismo se había escapado ...
A los gritos el hombre alerta al público de la fuga de la fiera y ahí empieza el desastre ..... el león, el león!!!!
La gente presa del pánico corre en todas direcciones y comienzan a subirse a la copa de los árboles más cercanos.
Los que ya se sentían a salvo en las alturas miraban hacia abajo a la gente huyendo y de pronto descubren a un minusválido en su silla de ruedas también tratando de huir.
Nerviosos sin saber como ayudarlo comienzan a gritar: “el paralítico, el paralítico!!!”
Entonces el minusválido, transpirando a más no poder, con desesperación responde a los gritos: “Hijos de puta!! Déjenlo que él elija solo ...”
Volvamos a nuestro arribo a Paysandú a media tarde ....
En el centro de la ciudad encontramos una Oficina de Turismo de la Junta Local y entramos a preguntar por la ubicación del camping.
El funcionario que nos atendió, casi riéndose por nuestra consulta, nos informó que la zona de camping hacía mucho más de una semana que estaba bajo las aguas del Río Uruguay, debido a la gran creciente que había cubierto gran parte del litoral.
Siguió ampliando la mala noticia informándonos que los hoteles se encontraban todos completos y no quedaba lugar para hospedarse ni siquiera en una pensión de mala muerte.
Como un alojamiento que no fuera en carpa estaba por fuera de nuestro presupuesto, esta última información no nos molestó en lo más mínimo.
Luego de las malas noticias, el funcionario pasó a darnos las buenas: varios vecinos de la ciudad enterados de que el camping no estaba disponible habían llamado ofreciendo sus jardines, terrenos o fondos a potenciales acampantes.
Solo quedaban 2 direcciones de vecinos con lugares disponibles y el funcionario improvisó en un papelito arrugado una especie de planito para llegar a ellas. Una vez allí deberíamos negociar con el dueño de casa el costo de la instalación de la carpa.
La primer dirección era en una zona bien alejada de la ciudad, y cuando llegamos a ella nos encontramos con una casa muy humilde.
El espacio verde que nos ofrecían era en el fondo de la destartalada casa.
El principal problema para quedarnos allí era que si salíamos de juerga no podríamos volver a la carpa luego de las 22hrs (hora en que se acostaban), y solo nos abrirían la puerta en la mañana a partir de las 0830hrs (hora en que se despertaban a matear).
Nosotros habíamos ido a Paysandú especialmente a disfrutar de la vida nocturna de la ciudad en esa semana, por lo que la instalación de la carpa allí quedaba descartada.
Por más que dimos vueltas no logramos dar con la segunda dirección y decidimos volver a la Oficina de Turismo de la Junta Local.
El funcionario ahora nos esperaba con noticias frescas ...
Para solucionar en parte el tema del alojamiento de los turistas que estaban llegando a la ciudad, habían autorizado excepcionalmente a instalar carpas en el espacio verde del zoológico de la ciudad.
Nos debíamos apurar y salir hacia allí rápidamente ya que en dicho zoológico el área verde destinada normalmente a realizar picnics tenía espacio como máximo para 8 o 10 carpas.
Al llegar al Zoo debíamos preguntar por Fernández.
Con un nuevo plano improvisado en un papelito más arrugado que el anterior, salimos en busca del zoológico y de Fernández.
En el camino hacia nuestro futuro alojamiento Gustavo comento: “Mirá si el león se escapa mientras estamos durmiendo!” a lo que todos respondimos con estruendosas carcajadas ..
Llegamos y vimos que el predio del zoológico se encontraba cercado por un tejido de alambre y el acceso principal protegido por un portón de madera muy al estilo de una tranquera de estancia.
Del otro lado del portón, parado y tan firme como un guardia inglés en el Palacio de Buckingham estaba Fernández.
Cuando le explicamos que nos enviaban de la Junta Local nos franqueó el acceso y nos señaló hacia donde dirigir el auto para descargarlo e instalar la carpa.
Ya en el espacio verde, mientras nos apurábamos para armar las carpas con la poca luz natural que quedaba, apareció Fernández.
Traía un block para tomar nota de nuestros nombres, de los datos del vehículo y también para ponernos al tanto de las reglas que habían impuesto a los acampantes.
Después de anotar nuestros nombres arrancó con su “speech”:
- Esta zona verde no contaba con iluminación ni toma corrientes (el lugar no estaba destinado a acampar, ni tampoco estaba previsto que hubiera gente en la noche).
- Solo podríamos encender fuego durante el día en los pequeños parrilleros que habían en ese espacio destinado a picnics y deberíamos evitar dejar bolsas tiradas o mugre.
- Podríamos utilizar los servicios sanitarios que se encontraban en el parque, los que además y por suerte para nosotros, contaban con 2 duchas
- Deberíamos abstenernos de realizar ruido en la noche para no molestar a los animales.
- También para evitar molestias a los animales no podríamos movilizar los vehículos entre las 2100hrs. y las 0900hrs.
- Sí podríamos entrar y salir caminando sin inconvenientes en cualquier horario. Sugería que sacáramos el auto antes de dicha hora y que luego si volvíamos de madrugada lo estacionáramos en la puerta del Zoo (ingresando luego a pie al parque zoológico)
- No podríamos recorrer el área de las jaulas durante la noche, manteniéndonos solo en el área verde destinada ahora a las carpas
- Debido a lo especial de la situación no existiría costo alguno por la utilización de este espacio en el cual habíamos instalado la carpa
Aceptamos las reglas sin chistar, ya que todas ellas nos parecían coherentes y justas.
Estábamos muy cansados como para pretender recorrer el zoológico, y como ya había bajado el sol esperaríamos hasta el día siguiente para conocerlo.
Decidimos turnarnos para ir a las duchas. Como me tocó el segundo turno, aproveché para sacar el auto fuera del predio del zoológico. Lo estacioné del otro lado de la tranquera y volví en penumbras hacia la carpa .
Cuando volvieron de ducharse Alvaro y Fernando nos avisaron que el agua estaba fría ..
Gustavo y yo salimos desde la carpa hacia los baños en total oscuridad, caminando lentamente por el césped. No había luna, y si la había estaba oculta tras las nubes, nos orientaba solamente el haz de luz que se escapaba por la ventanita de la puerta del baño.
Al entrar al baño del zoológico municipal no pudimos más que dejar escapar un suspiro añorando los baños del camping de la Barra del Chuy.
El estado de higiene del baño era el de esperarse de un baño público; asqueroso, hediondo y deplorable .... pero al menos tenia inodoro!!
Las 2 duchas ... eran simplemente 2 caños que salían de la pared casi a la altura del techo, sin roseta alguna.
El agua caía vertical en forma de chorro y no estaba fría, estaba helada!!
Lo problemático no era enjabonarse ya que mojarse las manos y con ellas hacer espuma no costaba tanto. Enjuagarse era lo difícil .....
Lo que decidimos hacer fue correr de un lado a otro del baño, pasando por debajo del chorro solo fracciones de segundo, en las que el jabón y la espuma debían separarse de nuestro cuerpo.
La ducha en esa modalidad nos llevó mas tiempo del previsto e incluso no logramos sacarnos el jabón de varias partes del cuerpo.
Cuando salimos del baño la oscuridad era completa. Ya no teníamos como destino el baño con su pequeño haz de luz, si no que el mismo quedaba a nuestras espaldas.
De nuestras carpas (donde fuera que estuvieran) no salía ninguna luz que nos sirviera de referencia. Arrancamos a caminar más lento que antes, casi con miedo meter el pie en algún pozo , o peor aún de pisar caca ...
Avanzábamos paso a paso, casi “tanteando” el camino y hablando muy bajito (no se porqué los dos asumimos que si hacíamos ruido nos íbamos a caer).
Nuestros pasos no se sentían sobre el pasto y solo escuchábamos lo que creíamos eran sonidos/cantos de pájaros.
A una distancia de unos 15 metros divisamos la silueta muy alta de una construcción, algo así como una jaula, e inmediatamente nos dimos cuenta de que habíamos errado el camino.
Sin decir intercambiar palabras habíamos avanzado quizás 1 o 2 metros más, y fue ahí que distinguimos la oscura silueta de algo que se movía hacia nosotros. En ese mismo momento el sonido de los pájaros cesó y el silencio fue absoluto.
Sea lo que fuere, dicho animal estaba fuera de la jaula y venía de frente hacia nosotros.
Forzando la vista yo percibí que era un cuadrúpedo, cuya altura apenas superaba mi cintura, y cuyo largo estimé en un metro y medio, quizás un poco más. El animal se movía silenciosamente, con sigilo siempre en dirección hacia nosotros .....
Fui presa del pánico y me congelé. No me pude mover ni un centímetro.
Sé que Gustavo pensó lo mismo que yo porque también quedó clavado al piso sin poder moverse. Solo pude mirarlo de reojo. Noté que no movía ni un músculo.
Yo no estaba seguro si ahora el fuerte sonido que escuchaba era el de mi corazón, a punto de salirse por mi boca, o el del corazón de Gustavo que con seguridad estaba en la misma ..
Avanzó 2 metros más y pensé: “hasta acá llegamos Gustavo ..”
Sé que me escuchó porque luego oí sus pensamientos: “fue todo un gusto Walter ..”
Estábamos a punto de cerrar los ojos ... entregándonos al destino, con la bestia de frente a nosotros (a unos 4 metros máximo), cuando de pronto realizó un giro de 90 grados .............. y el cansado pony siguió pastando en otra dirección.
Ya con el animal de costado, ofreciéndonos toda su reconocible silueta fue que nos animamos a llenar de aire nuevamente nuestros pulmones. No hicimos comentarios ...
Ni siquiera tuvimos fuerzas para reírnos.
Poco nos faltó para que tuviéramos que volver a la ducha a higienizarnos.
Walter Vitureira
Primate asustadizo
From: Walter y Claudia
To: Walter y Claudia
Sent: Monday, April 13, 2009 12:46 PM
Subject: Susto en Semana de la Cerveza - Paysandú
SUSTO EN SEMANA DE LA CERVEZA - PAYSANDÚ
Semana Santa 1992 – Ninguno de los 4 había ido antes en “Semana Santa” a Paysandú, ciudad en la que se celebraba la tradicional “Semana de la Cerveza”.
Mi único recuerdo de Paysandú era una fotografía en la que a mis 5 años me tomaron con toda la cara manchada por devorarme a “mano limpia” un postre Chajá.
Y siendo más exacto, creo que ninguno de mis amigos; Gustavo, Alvaro o Fernando jamás había ido a Paysandú.
Salimos de mañana muy temprano en mi Ford Corcel, con destino a la capital Sanducera.
Como nuestra única referencia en ruta era un descolorido mapa de nuestro país, recortado de la base de una caja de Serranitos de la Confitería Irisarri, nuestro arribo a Paysandú fue a media tarde (dentro de todo nuestro sentido de la orientación no anduvo tan mal).
Para hacer honor a la celebrada semana, durante todo el trayecto en auto fuimos tomando ... mate.
Mate amargo con bizcochos, y además siempre respetando los límites de velocidad y normas de tránsito (esta explicación la agrego solo por si mi relato cae en manos de algún funcionario de Policía Caminera).
Para hacer más ameno el viaje charlábamos, cantábamos desafinadamente y contábamos chistes. El chiste premiado con más carcajadas fue el siguiente:
“En un zoológico en el mayor momento de afluencia de visitantes un empleado descubre que la jaula del león estaba mal cerrada y que el mismo se había escapado ...
A los gritos el hombre alerta al público de la fuga de la fiera y ahí empieza el desastre ..... el león, el león!!!!
La gente presa del pánico corre en todas direcciones y comienzan a subirse a la copa de los árboles más cercanos.
Los que ya se sentían a salvo en las alturas miraban hacia abajo a la gente huyendo y de pronto descubren a un minusválido en su silla de ruedas también tratando de huir.
Nerviosos sin saber como ayudarlo comienzan a gritar: “el paralítico, el paralítico!!!”
Entonces el minusválido, transpirando a más no poder, con desesperación responde a los gritos: “Hijos de puta!! Déjenlo que él elija solo ...”
Volvamos a nuestro arribo a Paysandú a media tarde ....
En el centro de la ciudad encontramos una Oficina de Turismo de la Junta Local y entramos a preguntar por la ubicación del camping.
El funcionario que nos atendió, casi riéndose por nuestra consulta, nos informó que la zona de camping hacía mucho más de una semana que estaba bajo las aguas del Río Uruguay, debido a la gran creciente que había cubierto gran parte del litoral.
Siguió ampliando la mala noticia informándonos que los hoteles se encontraban todos completos y no quedaba lugar para hospedarse ni siquiera en una pensión de mala muerte.
Como un alojamiento que no fuera en carpa estaba por fuera de nuestro presupuesto, esta última información no nos molestó en lo más mínimo.
Luego de las malas noticias, el funcionario pasó a darnos las buenas: varios vecinos de la ciudad enterados de que el camping no estaba disponible habían llamado ofreciendo sus jardines, terrenos o fondos a potenciales acampantes.
Solo quedaban 2 direcciones de vecinos con lugares disponibles y el funcionario improvisó en un papelito arrugado una especie de planito para llegar a ellas. Una vez allí deberíamos negociar con el dueño de casa el costo de la instalación de la carpa.
La primer dirección era en una zona bien alejada de la ciudad, y cuando llegamos a ella nos encontramos con una casa muy humilde.
El espacio verde que nos ofrecían era en el fondo de la destartalada casa.
El principal problema para quedarnos allí era que si salíamos de juerga no podríamos volver a la carpa luego de las 22hrs (hora en que se acostaban), y solo nos abrirían la puerta en la mañana a partir de las 0830hrs (hora en que se despertaban a matear).
Nosotros habíamos ido a Paysandú especialmente a disfrutar de la vida nocturna de la ciudad en esa semana, por lo que la instalación de la carpa allí quedaba descartada.
Por más que dimos vueltas no logramos dar con la segunda dirección y decidimos volver a la Oficina de Turismo de la Junta Local.
El funcionario ahora nos esperaba con noticias frescas ...
Para solucionar en parte el tema del alojamiento de los turistas que estaban llegando a la ciudad, habían autorizado excepcionalmente a instalar carpas en el espacio verde del zoológico de la ciudad.
Nos debíamos apurar y salir hacia allí rápidamente ya que en dicho zoológico el área verde destinada normalmente a realizar picnics tenía espacio como máximo para 8 o 10 carpas.
Al llegar al Zoo debíamos preguntar por Fernández.
Con un nuevo plano improvisado en un papelito más arrugado que el anterior, salimos en busca del zoológico y de Fernández.
En el camino hacia nuestro futuro alojamiento Gustavo comento: “Mirá si el león se escapa mientras estamos durmiendo!” a lo que todos respondimos con estruendosas carcajadas ..
Llegamos y vimos que el predio del zoológico se encontraba cercado por un tejido de alambre y el acceso principal protegido por un portón de madera muy al estilo de una tranquera de estancia.
Del otro lado del portón, parado y tan firme como un guardia inglés en el Palacio de Buckingham estaba Fernández.
Cuando le explicamos que nos enviaban de la Junta Local nos franqueó el acceso y nos señaló hacia donde dirigir el auto para descargarlo e instalar la carpa.
Ya en el espacio verde, mientras nos apurábamos para armar las carpas con la poca luz natural que quedaba, apareció Fernández.
Traía un block para tomar nota de nuestros nombres, de los datos del vehículo y también para ponernos al tanto de las reglas que habían impuesto a los acampantes.
Después de anotar nuestros nombres arrancó con su “speech”:
- Esta zona verde no contaba con iluminación ni toma corrientes (el lugar no estaba destinado a acampar, ni tampoco estaba previsto que hubiera gente en la noche).
- Solo podríamos encender fuego durante el día en los pequeños parrilleros que habían en ese espacio destinado a picnics y deberíamos evitar dejar bolsas tiradas o mugre.
- Podríamos utilizar los servicios sanitarios que se encontraban en el parque, los que además y por suerte para nosotros, contaban con 2 duchas
- Deberíamos abstenernos de realizar ruido en la noche para no molestar a los animales.
- También para evitar molestias a los animales no podríamos movilizar los vehículos entre las 2100hrs. y las 0900hrs.
- Sí podríamos entrar y salir caminando sin inconvenientes en cualquier horario. Sugería que sacáramos el auto antes de dicha hora y que luego si volvíamos de madrugada lo estacionáramos en la puerta del Zoo (ingresando luego a pie al parque zoológico)
- No podríamos recorrer el área de las jaulas durante la noche, manteniéndonos solo en el área verde destinada ahora a las carpas
- Debido a lo especial de la situación no existiría costo alguno por la utilización de este espacio en el cual habíamos instalado la carpa
Aceptamos las reglas sin chistar, ya que todas ellas nos parecían coherentes y justas.
Estábamos muy cansados como para pretender recorrer el zoológico, y como ya había bajado el sol esperaríamos hasta el día siguiente para conocerlo.
Decidimos turnarnos para ir a las duchas. Como me tocó el segundo turno, aproveché para sacar el auto fuera del predio del zoológico. Lo estacioné del otro lado de la tranquera y volví en penumbras hacia la carpa .
Cuando volvieron de ducharse Alvaro y Fernando nos avisaron que el agua estaba fría ..
Gustavo y yo salimos desde la carpa hacia los baños en total oscuridad, caminando lentamente por el césped. No había luna, y si la había estaba oculta tras las nubes, nos orientaba solamente el haz de luz que se escapaba por la ventanita de la puerta del baño.
Al entrar al baño del zoológico municipal no pudimos más que dejar escapar un suspiro añorando los baños del camping de la Barra del Chuy.
El estado de higiene del baño era el de esperarse de un baño público; asqueroso, hediondo y deplorable .... pero al menos tenia inodoro!!
Las 2 duchas ... eran simplemente 2 caños que salían de la pared casi a la altura del techo, sin roseta alguna.
El agua caía vertical en forma de chorro y no estaba fría, estaba helada!!
Lo problemático no era enjabonarse ya que mojarse las manos y con ellas hacer espuma no costaba tanto. Enjuagarse era lo difícil .....
Lo que decidimos hacer fue correr de un lado a otro del baño, pasando por debajo del chorro solo fracciones de segundo, en las que el jabón y la espuma debían separarse de nuestro cuerpo.
La ducha en esa modalidad nos llevó mas tiempo del previsto e incluso no logramos sacarnos el jabón de varias partes del cuerpo.
Cuando salimos del baño la oscuridad era completa. Ya no teníamos como destino el baño con su pequeño haz de luz, si no que el mismo quedaba a nuestras espaldas.
De nuestras carpas (donde fuera que estuvieran) no salía ninguna luz que nos sirviera de referencia. Arrancamos a caminar más lento que antes, casi con miedo meter el pie en algún pozo , o peor aún de pisar caca ...
Avanzábamos paso a paso, casi “tanteando” el camino y hablando muy bajito (no se porqué los dos asumimos que si hacíamos ruido nos íbamos a caer).
Nuestros pasos no se sentían sobre el pasto y solo escuchábamos lo que creíamos eran sonidos/cantos de pájaros.
A una distancia de unos 15 metros divisamos la silueta muy alta de una construcción, algo así como una jaula, e inmediatamente nos dimos cuenta de que habíamos errado el camino.
Sin decir intercambiar palabras habíamos avanzado quizás 1 o 2 metros más, y fue ahí que distinguimos la oscura silueta de algo que se movía hacia nosotros. En ese mismo momento el sonido de los pájaros cesó y el silencio fue absoluto.
Sea lo que fuere, dicho animal estaba fuera de la jaula y venía de frente hacia nosotros.
Forzando la vista yo percibí que era un cuadrúpedo, cuya altura apenas superaba mi cintura, y cuyo largo estimé en un metro y medio, quizás un poco más. El animal se movía silenciosamente, con sigilo siempre en dirección hacia nosotros .....
Fui presa del pánico y me congelé. No me pude mover ni un centímetro.
Sé que Gustavo pensó lo mismo que yo porque también quedó clavado al piso sin poder moverse. Solo pude mirarlo de reojo. Noté que no movía ni un músculo.
Yo no estaba seguro si ahora el fuerte sonido que escuchaba era el de mi corazón, a punto de salirse por mi boca, o el del corazón de Gustavo que con seguridad estaba en la misma ..
Avanzó 2 metros más y pensé: “hasta acá llegamos Gustavo ..”
Sé que me escuchó porque luego oí sus pensamientos: “fue todo un gusto Walter ..”
Estábamos a punto de cerrar los ojos ... entregándonos al destino, con la bestia de frente a nosotros (a unos 4 metros máximo), cuando de pronto realizó un giro de 90 grados .............. y el cansado pony siguió pastando en otra dirección.
Ya con el animal de costado, ofreciéndonos toda su reconocible silueta fue que nos animamos a llenar de aire nuevamente nuestros pulmones. No hicimos comentarios ...
Ni siquiera tuvimos fuerzas para reírnos.
Poco nos faltó para que tuviéramos que volver a la ducha a higienizarnos.
Walter Vitureira
Primate asustadizo
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